La mujer escribe y eso es lo que importa










2 de octubre de 2017

Ray Bradbury, ¿Por qué nadie me dijo que se podía llorar en la ducha?


Ilustración de X.Lan



¿POR QUÉ NADIE ME DIJO QUE SE PODÍA LLORAR EN LA DUCHA?

¿Por qué nadie me dijo que se podía llorar en la ducha?
Qué buen sitio para llorar,
qué sitio singular para abandonarse
y saber que nadie oye...
Soltar lágrimas que, con la lluvia,
no horrorizan a nadie salvo a ti, que allí estás
con tu tristeza a cuestas, debidamente aliviado,
la cabeza y la cara masajeadas por tormentas de primavera
o, si lo piensas, por lluvias de otoño.
Te vacías del todo y después pasas a la alegría;
pero antes tiene que llegar la tristeza.
Las ansias de melancolía deben entonces encontrar un sitio
y quedarse en los rincones y conocer la pena;
te puede motivar la última hoja del árbol
o la manera en que el viento, con los gatos,
merodea por la hierba del jardín,
o un chico que pasa en bicicleta
vendiendo a gritos el fin del verano,
o un juguete dejado como una duda en la acera,
o la sonrisa de una chica que, sin saberlo, te rompe el corazón,
o aquél frío momento en el que cada sitio y parte y habitación
de tu casa queda vacío, en silencio,
pues tus hijos se han ido y sus cálidas habitaciones están heladas,
las camas como hornos de verano sin levadura, chatas,
esperando la visita de los gatos a un fantasma casi olvidado
en el largo otoño.
Entonces, sin ningún motivo
los viejos océanos suben
los ojos se te llenan de sal;
algo desconocido muere y hay que llorarlo.
Entonces estar bajo la ducha al mediodía o a la noche
es aconsejable y adecuado y bueno...
lo que antes no se entendía ahora es claro,
el país interior está maravillosamente alimentado por lágrimas:
las lágrimas que cosechaste
quedan ahora segadas y acomodadas,
los juegos del amor que jugabas, envueltos en una cinta y archivados,
toda una vida guardada con llave en la sangre queda en libertad.
Deja entonces que brote, salga,
que caiga de tus ojos con las dulces lluvias.
Pero ahora, buen chico, fuerte caballero, ¡cuidado!;
esto no es cosa de mujeres perdidas, solas;
la necesidad es tan tuya como de ellas.
Te conviene aprovechar la sabiduría de las mujeres.
Acepta la tristeza y suelta las preocupaciones.
Dios mío, ¡pruébalo una vez!
No aprender a llorar, tonto perdido,
es aprender a morir.
Quédate ahí llorando de la medianoche a la mañana
y después, liberada tu reprimida sabiduría,
como un niño a la hora de los juegos, salta y grita:
¡Ay, maldita sea, muchachas, ¿así que eso es todo?!
¡Dulces viudas sabias, pueden irse al infierno!
¿Por qué?
¿Por qué, por qué, Dios mío, por qué,
por qué nadie me dijo que se podía llorar en la ducha?

(en Ray Bradbury. Antología poéticaEdiciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 
Colección Desde la Gente, Buenos Aires, 2000
Selección y traducción de Marcial Souto)



WHY DIDN'T SOMEONE TELL ME ABOUT CRYING IN THE SHOWER

Why Didn’t Someone Tell Me About Crying in the Shower?
What a fair fine place to cry.
What a rare place to let go
And know that no one hears---
Let fall your tears which, with the rain that falls,
Appall nobody save yourself, and standing there
You wear your sadness, properly assuaged,
Your head and face massaged by storms of spring
Or, if you think it, autumn rain.
You drain yourself away to naught, the move to joy;
But sadness must come first, it must be bought.
A thirst for melancholy, then, must find its place
To stand in the corners and know grief;
The last leaf on the tree may turn you there,
Or just the way the wind, with cats,
Prowls down the garden grass
Or some boy passing on a bike,
Selling the end of summer with a shout,
Or some toy left like doubt upon a walk,
Or some girl’s smile that, heedless, cracks the heart,
In all your house is empty, still,
Your children gone, their warm rooms chill,
Their summer-oven beds unyeasted, flat,
Waiting for cats to visit some half-remembered ghost
In the long fall.
So, for absolutely no good reason at all
Old oceans rise
One’s eyes are filled with salt;
Something unknown then dies and must be mourned.
Then standing beneath the shower at noon or night
Is right and proper and good--
One’s interior land is wonderfully nourished by tears:
The years that you brought to harvest
Are properly scythed down and laid,
The games of love you played are ribboned and filed, unbound
So freely found then, know it, let it go
From out your eyes and with the sweet rain flow.
But now, good boys, strong gentlemen, take heed:
This stuff is not for women, lost, alone;
The need is yours as well as theirs.
Take women’s wisdom for your own.
Take sorrow’s loan and let your own cares free
Christ, give it a try!
Not to learn how to weep is, lost fool,
But to learn how to die.
Stand weeping there from midnight until morn,
Then from impacted wisdom shorn, set free,
Leap forth to laugh in freshborn children’s hour and shout:
Oh, damn you, maids, that’s what it’s all about?
Sweet widows with your wisdom, blast you all to hell!
Why?
Why, why God, oh why,
Why wouldn’t someone tell me about crying in the shower.





Ray Bradbury
(Waukegan, Illinois, 1920-Los Ángeles, EE.UU., 2012​​)
NOVELISTA/CUENTISTA/CRÍTICO
de I Live by the Invisible: New & Selected Poems, Salmon Poetry, Irlanda, 2002
extraído de: CON CLARIDAD
Gracias Juan Ignacio
para leer más en: EL PLACARD
en WIKIPEDIA

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